viernes 2 de septiembre de 2011

Cómo perder 300 dólares en media hora





El inicio


Llevaba ya algo de tiempo pensando en mi primer post después de tanto tiempo sin escribir, y había pensado que describir mi primer semana en Montreal sería el tema perfecto para retomar el blog. Sin embargo ciertos sucesos recientes me han ayudado a crear una receta que sería útil para todos y que me hizo instantáneamente desechar cualquier otro tema que me hubiera pasado por la mente. No obstante para llegar a la receta necesito ambientarlos un poco. Sí, esta historia quizá les parezca larga pero les aseguro que vale la pena.


El contexto


Lugar: Montreal, Canadá

Fecha: Otoño de 2011


A una semana de haber llegado a Montreal, me encontraba más que contento de haber venido a esta hermosa ciudad. Me paseaba por las calles, saludaba a los amables quebecquenses, comía poutine québecois, me acostumbraba al acento e incluso incluía ciertas expresiones del francés canadiense en mi vocabulario de francés, visitaba los parques, comía en los restaurantes de las rues Saint-Denis y Saint-Laurent. En fin, estaba prácticamente integrado a la sociedad y con un poco de trabajo en mi acento podría hasta hacerme pasar un verdadero Montrealés.


El único inconveniente era no haber encontrado aún alojamiento dónde pasar mi estancia de cuatro meses en Montreal. Afortunadamente ya no seguía pagando un hostal gracias a mi nuevo amigo Pepe que me permitió quedarme con él en un departamento que rentó mientras él también encontraba algo definitivo. Cuando la búsqueda parecía más difícil de lo que había imaginado en un principio encontré el anuncio perfecto: “Estudio (cuarto) a rentar, completamente amueblado, todo incluido ‘agua caliente, electricidad, calefacción, cable e internet´ llamar al…” Tomé el teléfono y pedí cita para la misma tarde, era un oportunidad que no podía dejar perder.


El trayecto


Después de hacer un intento fallido por subir al Mont-Royal (No completado por falta de tiempo), Pepe y yo tomamos la rue Duluth hasta cruzar con Saint-Hubert y, como llegamos un poco antes de mi cita, recorrimos el vecindario. Era perfecto, no sólo la calle Duluth estaba llena de restaurantes y bares de lo más variados y bonitos, había un parque increíble a dos calles, las casas estaban verdaderamente hermosas, tenía todos los servicios cerca y sinceramente no podía pedir nada más. Al fin volvimos al inmueble y entré a la oficina…


4011 rue Saint-Hubert App 101


La administradora estaba sentada al otro lado del escritorio, parecía tener prisa en todo, su cabello obscuro y despeinado cubriendo buena parte de su rostro moreno no la hacía verse más bonita, y aunque su francés era prácticamente incomprensible (a tal punto que algunos minutos después decidimos comunicarnos en inglés), parecía sólo estar estresada por el trabajo. Después de explicarme las condiciones del inmueble y los estudios que tenía disponibles para mí, se levantó (y lo primero que noté fueron sus dos metros de altura) y me llevó a conocerlos…y es en este momento donde todo pareció ir más rápido. Vimos los tres cuartos, todos con los muebles necesarios, uno chico y sin ducha, otro grande y caro y un tercero más modesto que el segundo y más completo que el primero. Inmediatamente después volvimos a la oficina y del trayecto, completado en menos de 30 segundos, recuerdo sólo tres frases: “Más limpio no encontrarás”, “Debe ser muy difícil para ti como extranjero encontrar hospedaje para cuatro meses”, “Démonos prisa, hay alguien abajo esperando para tomar alguno de los cuartos que te mostré”. Volvimos a la oficina para que me respondiera algunas dudas, o más bien para ejercer algo de presión. He aquí lo prometido...


La receta

1. Asegúrate de estar frente a alguien más intimidante que tú, una Italiana treintona, desaliñada, de dientes chuecos, brazos fuertes y que probablemente es lesbiana funcionaría bien

2. Haz una lista de los pros y los contras de la opción que tienes, en mi caso el estudio que acababa de ver

3. Tira la lista que acabas de hacer a la basura

4. Pierde todo sentido común e ignora cualquier sentimiento que te indique que algo va mal

5. Intenta ignorar las malas maneras y pésima atención de tu anfitrión (Italiana lesbiana, en mi caso)

6. Llena las formas necesarias y firma aquí, ahí y allá

7. Paga 100 dólares de depósito

8. Da 200 dólares como adelanto de renta

9. Sal de la oficina, no pidas ninguna copia de lo que firmaste y no se te ocurra si quiera exigir un recibo de lo que has pagado

EXTRA: Al salir de la oficina saluda al papá italiano de la administradora, platica con él y deja que te cuente cómo es que él y su hija son dueños de la propiedad.


El recuento


Para no hacerlo largo aquí el resumen: Acababa de firmar un contrato (Hoja con manchas de comida) de renta de 4 meses por un cuarto de 550 dólares que tenía exactamente lo mismo que el que rechacé en la residencia de la escuela ¡Ah sí! pero sin internet y todo metido en un cuartito de 4x4 metros a media hora (y no 1 minuto) de la misma. No tardé más de treinta minutos para darme cuenta de la pésima decisión que había tomado. Había conseguido algo peor de lo que buscaba y únicamente porque la zona era bonita, la italiana me daba miedo y porque me sentí presionado por tomar una decisión inmediata. Volví a tratar de deshacer el trato y lo único que me pudo decir el mutante de 2 metros fue que ella sólo era una empleada (Su padre había dicho lo contrario), que el dinero ya se lo habían llevado (¿a dónde? ¿Quién? ¿Por qué? ¿En qué momento?), que si hubiera ido hace una hora todo sería diferente (Tenía menos de una hora que había estado allí) y que no podía hacer nada incluso les debía el resto de la renta y el depósito lo perdía por dejar el departamento sin los dos meses de aviso (y de nuevo… esto pasó media hora después).


Suerte que heredé las piernas firmes…


Salí a correr. Habíamos ido comprar algo de cenar y antes de prepararlo, subí al departamento tomé mis shorts, una playera de ejercicio y me fui a correr al Parc LaFontaine, a una cuadra de donde estamos. Estaba lo suficientemente cansado para dormir en el instante pero igual, o más, de enojado y desesperado por lo que me acababa de pasar. Aunque un tercio del trayecto me la pasé mentando madre a la italiana y planeando distintas maneras de vengarme y otro tercio haciendo una lista de lo que me pude haber comprado con lo que perdí, después pude relajarme y resignarme a lo que me había pasado. Estaba tan seguro de que después de mi experiencia en Francia estaría blindado ante toda complicación aquí en Canadá que nunca se me ocurrió que no estaba blindado contra mi insensatez, que en 1 minuto puedo tomar las decisiones más estúpidas y que basta un solo sentimiento de desesperación para ignorar la cordura y las corazonadas. Aunque he logrado tranquilizarme y tratar de perdonarme a mí mismo, no me molesta reconocer que quisiera que a la italiana la atacara un zeta.

1 comentarios:

  1. Jajajaja ay Marianito! Las cosas que te pasan! jaja =)

    Al final todo saldrá mejor ya verás, recuerda que ningún aprendizaje está de más. Ya después de esto aprenderás a seguir más tus corazonadas, espero que todo salga mejor :) Cuídate muchísimo!

    TQM! Te deseo lo mejor para este semestre. Te mando un muy fuerte abrazo!

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