11 de Febrero del 2009
Tenía que suceder, no podía pasar este invierno sin que ocurriera. No recuerdo cuantas nevadas ha habido desde mediados de diciembre, pero por lo menos han sido unas 6 o 7 (fuertes). En mi cerro nieva con más frecuencia que en el resto de la ciudad.
Logré salir vivo de las nevadas de Polonia, que afortunadamente me tocaron únicamente al principio y final del viaje. Las calles llenas de nieve, hielo y agua. La gente bien tapada, los servicios adecuados debido a que en estas fechas allá es más que común. El viento del este no logró derrumbarme y puedo decir que salí adelante con bastante dignidad
Sobreviví a las primeras nevadas no sé cómo, por pura suerte. Después vinieron las de enero, que fueron más duras de lo que me habían dicho. Lyon no es una ciudad que sepa como actuar cuando nieva, la nieve se acumula en las calles, no echan sal suficiente, y después de unos días esa nieve se convierte en hielo que hace que cada metro pierdas el equilibrio. Vi a muchos caer y cada vez me burlaba. Vi como cuando la gente caía, regularmente hacían caer a alguien junto con ellos, y cada vez me divertía.
Pues como bien todos creen, existe el karma, y a mi me llegó ayer. Después de 1 semana en la escuela, con la esperanza de que pronto llegarían los días soleados donde solo sería necesario salir con 2 chamarras a la calle y la ropa térmica. Podía empezar a oler el día en que guardaba mi abrigo para no volver a usarlo en mucho tiempo, quizá nunca. Pues cuando la ilusión estaba creciendo más, esta semana comenzó. El destino decidió mandarme una dosis suficiente de neblina, nubes, lluvia y nieve que me hicieron creer que el invierno eterno que sufrió Narnia era posible.
Bueno, no importaba, pronto serían las vacaciones y no tendría que verme forzado a salir de mi cuarto a menos que el día estuviera soportable. Podría sentarme en mi ventana a observar como caían y temblaban de frío los demás, mientras yo disfrutaba una taza de té en mi cuarto con calefacción. Pero no. El jueves salí dirigiéndome a la escuela, dentro de 6 horas estaría ya de vacaciones, y no tuve que caminar más de 20 pasos cuando sucedió, fue rápido, sin anticipación, en frente de muchas personas. Dando el último paso, confiado, seguro, y disfrutando del paisaje blanco, el mundo se encargo de que mi pie se posara sobre hielo resbaloso, lo que tuve como consecuencia horrible caer, azotar como res, romper un poco el hielo, ensuciarme y mojar el costado izquierdo de toda mi ropa y, como si esto no fuera poco, resbalar hasta un banco de nieve donde termine de revolcarme por fin.
Desde que cayó el primer copo de nieve, 61 días…ya lo veía venir.
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