Pueblo en medio de la nada, Polonia
(Sí, aún hay más, ármense de valor para leer)
Adriana vive en un pueblito cuyo nombre no recuerdo. Es pequeño, con una población de 16000 habitantes. Dicen por ahí que luz y yo únicamente fuimos invitados para incrementar por un tiempo la población. Sus padres son dos personas muy amables con las que desgraciadamente no nos pudimos comunicar pues no hablaban más que polaco, aún así nuestra amiga polaca a veces servía de interprete, dependía de su humor ¡La abuela paterna de Adriana nos dió regalos! y su abuelita materna dijo que somos muy guapos.
La experiencia fue muy buena, esos días me dediqué la mitad del tiempo a dormir, la otra mitad a comer y la otra mitad a beber. En el pueblo hay un castillo, una iglesia construida creo que en el siglo XVII (y otras más modernas) y ya. La cena de navidad fue a las 4:30 de la tarde, pues pareciera que ya eran las 9 de la noche para entonces. Lo que comíamos por allá eran básicamente carnes, preparados como salchichón u orneadas como jamón. La sopa era indispensable, aunque en realidad no hacía tanto frío como esperaba, ni si quiera hubo nieve los días que estuvimos allá. Para Noche Buena únicamente comimos pescado, pues tienen la tradición de no comer carne el 24.
Terminando la cena fuimos a visitar al primo de Adriana, Adam. Adriana es la madrina de su hijo menor y le llevó un regalo, en cuanto entramos los vasos llenos de vodka empezaron a llegar a nuestros lugares, y aunque al principio nos hicimos del rogar (bueno, yo no tanto) después los aceptábamos sin remordimientos. Ya por ahí de las 10 de la noche la mamá de Adriana fue a intentar sacarnos de ahí, pero no lo logró, aún así prometimos ser buenos y regresar a casa de Adriana (dos casas al lado) antes de la media noche. Al 10 para las doce salimos corriendo, o más bien intentando caminar derecho, y al llegar a casa de Adriana nos encontramos con su madre esperándonos, abrigos en mano. No nos permitió ni ir al baño y nos envió directamente a misa de gallo a las 12:00 de la noche. En el camino a la iglesia canté, tuve que hacer una escala técnica, esperamos al primo de Adriana, Adam, para que se nos uniera (a caminar, claro), y en la iglesia únicamente estuvimos 10 minutos porque Luz se empezó a pelear con alguien, aparte estaba en polaco y estábamos muy animados como para estar ahí.
Acto seguido, jeje, nos fuimos a un bar, donde terminamos de embriagarnos. Llegamos a casa de Adriana y su mamá estaba esperándonos, cocinando (Aún así Luz y yo no entendimos que por nuestro apetito voraz la señora debía desvelarse preparándonos comida). Esa noche me puse a hablarle por teléfono a familia y amigos, envié mensajes por facebook y al parecer también correos. Desgraciadamente no recuerdo haber llamado y enviado los correos a la mitad de las personas, y mucho menos recuerdo el contenido de las conversaciones. Disculpen cualquier inconveniente que pude haber ocasionado a las personas a las que les escribí o hablé diciendo babosadas o tratando de hablar en Francés.
El 25 fue un día dedicado a matar nuestra cruda en silencio. Invertimos nuestro tiempo en visitar a la familia de Adriana y también a los amigos de sus padres. Afortunadamente hubo algo que me ayudo a soportar mejor la resaca : Vodka. En casa de un tío de Adriana estaban todos conviviendo con alcohol, bueno, los hombres, las mujeres estaban moderadas. En cuanto nos sentamos nos ofrecieron un vasito para shots de vodka y lo llenaron. Luz rechazó el suyo y por querer hacerse del rogar luego ya no le dijeron nada. Todos teníamos que estar atentos pues cada vez que el tío, sentado en la cabecera de la mesa, se echaba su shot de vodka, todos teníamos que imitarlo. Después de 4 shots yo había olvidado completamente la cruda, aunque decidí rechazar la siguiente ronda pues ya había traído una botella de home made vodka que era más fuerte que el anterior.
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