miércoles 13 de enero de 2010

Polonia (Parte 1)

13 días desde que empezó el año y lo único que estaba haciendo era retrasar el momento de escribir este post…en realidad no hacía nada, estaba retrasando todo momento pues me había dedicado a no hacer absolutamente nada de mi vida. Harto ya de mi ineptitud, hoy me levante demasiado temprano, a las 9, y abrí mi ventana después de dos días. Vi que ya había dejado de nevar, y debido a que la espalda me dolía por haber pasado más de 60 horas acostado con mi computadora sobre mi panza, decidí que era el principio de año más patético que había tenido en toda mi vida. Dado que la situación se había hecho crítica, me paré, me puse mis pants, y salí a correr. Regresando tenía hambre y también me di cuenta que había estado sustituyendo la comida por horas de sueño, y que llevaba casi dos días sin comer otra cosa que no fuera cereal (Una vez al día).

Salí a hacer las compras, luego me preparé un buen brunch. Compré una botella de vino para alegrarme el día, una galette des rois (rosca de reyes) en descuento, pan y queso. Después bajé de mi montaña para recordar como lucía Lyon. Debido a que sigo con demasiado tiempo libre, no tengo más que ponerme a redactar con detalle el viaje a Polonia, así es que prepárense para leer una historia llena de intriga, pasión y deseo… bueno, no es taaaan interesante, pero como buen post mío incluye una anécdota con chinos. Por cierto, esta es una historia un poco larga.

El comienzo…

A principios de diciembre recibí la invitación de una amiga Polaca, Adriana, de pasar las fiestas con ella y su familia, y nuestra amiga luz, en Polonia. Ya que la invitación parecía bastante tentadora y no tenía nada mejor que hacer, la acepté. El día llegó, el 21 de diciembre llegué a la estación Perrache en lyon y me subí a un autobus que me llevaría a un mundo diferente.

El trayecto de ida.

El autobús estaba descuidado, había pocos asientos disponibles puesto que venía de otra ciudad de Francia, y me senté casi hasta el final donde aún estaba un lugar sin ser ocupado. En cuanto se dio la hora de partida todos los que estaban estirando sus piernas y tomando un poco de aire fresco (Muy fresco, había sido hace poco la primer Nevada del invierno en Lyon), pronto me vi rodeado de obreros polacos, de no menos de 40 años que únicamente hablaban polaco. Cuando compré el boleto de ida y me avisaron que estaría 27 horas en autobús supuse que las relaciones que hiciera en el mismo con los demás me ayudarían a sobrellevar el viaje.

A los 40 minutos de silencio incomodo entre yo y el señor extremadamente gordo que estaba junto a mi, entendí como hacían mis compañeros polacos para soportar las largas horas sentados, pues vi como cada uno llevaba mínimo dos botellas de vodka y una de jugo en su mochilitas. Fue aquí cuando empecé a ver la amabilidad polaca, pues en cuanto empezaron todos me ofrecieron un trago para el largo camino que nos esperaba. Resultó después de algunos tragos más que mi compañero de al lado hablaba un poco de italiano, y empezó a hablar con una mezcla extraña de italiano, francés y polaco, explicando cosas que ni el mismo entendía y de las cuales yo solo pude adivinar el significado del 10% de las frases que intentaba formular.

El trayecto fue, sin embargo, entretenido. Después de dos horas yo era “el mexicano” del autobús. Hubo paradas para ir al baño y bajar a comprar algo aproximadamente cada 2 a 3 horas durante todo el trayecto (excepto durante la noche). En Estrasburgo muchos bajaron lo que me permitió cambiarme de lugar, aunque después muchos otros subieron pero esta vez me tocó junto a una chava que no me aplastaba y que hablaba francés. Hicimos una parada corta en Berlín, luego en un restaurante Polaco, donde comí una sopa verde y ácida con un huevo flotando en ella y que era bastante buena, y luego otra parada más en la ciudad de Poznan, donde pude darme un pequeño paseo de 1 hora y media.

Debo de admitir que fue bastante cansado, pero hubo cosas del martirio que me gustaron bastante. Quedé verdaderamente sorprendido con la cantidad de nieve que cayó en Europa ese fin de semana, jamás me imaginé que fuera posible. Durante todo el viaje no vi un solo espacio que no estuviera cubierto de nieve, desde montañas hasta valles, todo inmensamente blanco. Después de pasar por bosques en Alemania quedé fuertemente hipnotizado con los muchos kilómetros de planicies blancas que nos rodeaban en el autobús cuando ya estábamos en Polonia. La carretera estaba sola entre aquél enorme mar claro que no dejaba de expandirse y que a lo lejos únicamente permitía ver casa aisladas igualmente blancas. Fue como si las nubes se hubieran caído sobre todo el continente, todo parecía extrañamente tranquilo y atrayente, y cuando la noche entró a las 4 de la tarde, las luces artificiales que llegábamos a encontrar en la carretera eran reflejadas por la blancura del paisaje.

*Reto: Contar el número de veces que se uso la palabra “blanco” o algo parecido en el último párrafo :P

Varsovia

Después de pasar 31 horas en el autobús (Pequeño retraso de 4 horas…) mi cuerpo estaba en un estado mínimo de conciencia debido a 2 cosas: Mi sangre comenzaba a estancarse pues en realidad no había razón alguna para mantener activos los miembros de mi cuerpo, y el embriagamiento inevitable ocasionado por el paisaje (Blanco, es que debo de insistir, me sorprendió). Llegando a la estación bajé abajo, saqué para afuera mis maletas, y entré adentro de la estación. El ritmo de la capital polaca me invadió de inmediato, junto con algo de emoción y miedo pues no entendía nada de lo que me rodeaba, había perdido el último bus 115, y el maldito cajero automático no me dejaba retirar. Sin dinero, hotel y forma de comunicarme me tiré en una banca y lloré… en realidad no, encontré otro cajero que fue mucho más bondadoso, llamé al hotel y me dieron nuevas instrucciones de como llegar y luego fui por la estación buscando gente que hablara inglés.

Dos horas más tarde, a las 11 de la noche, llegué al hostal donde debía quedarme y la emoción no fue tanto mía sino de la recepcionista, que estaba preocupada porque creía que me iba a perder tomando alguna línea equivocada de tramway. Me registré, dejé mis maletas en el locker, me bañe y salí a la ciudad. Únicamente iba a pasar una noche en Varsovia así es que debía de aprovechar el momento para apreciar la ciudad de noche y reactivar la circulación de mis piernas. Me abrigué bien, o eso creía, y tomé el último tranvía que me acercó a la antigua ciudad.

Aparentemente si fue una idea que a pocos se les ocurrió. Las calles eran pequeñas y estaban vacías, no había nadie, el menor ruido me espantaba. Hubo un momento en el que me perdí, pero eso me ayudó a encontrar un pedacito de muro de lo que alguna vez fue el gueto de la ciudad. Visité los “must do” de Varsovia y después decidí regresar al hotel. Siendo la 1 de la mañana y sin servicio de transporte disponible (o más bien, como no conocía ninguno) tuve que caminar de vuelta al hotel a -5° C. Caminata de aproximadamente unos 45 minutos, pues mis piernas aún no reaccionaban bien y el frío no me permitía moverme adecuadamente. No llegué a pensar que yo sería el único turista visitando la ciudad de noche, me llegué a cruzar máximo con unas 5 personas y una de ellas estaba tan drogada que enserio creyó que era polaco pues me insistía mucho en hablar conmigo.

Esa noche dormí rico, me levanté al otro día y me encontré con Adriana, que venía a a recogerme. Dimos otro pequeño tour por la ciudad durante el día y después nos dirigimos al aeropuerto a recoger a Luz, que apenas llegaba. Después fui por mis maletas mientras las chicas iban a comprar nuevos lentes para luz, que tenía una infección en el ojo y necesitaba ser hospitalizada inmediatamente (según las palabras de mi amiga polaca cuando me explicó la situación). Afortunadamente el ojo de luz reaccionó bien a la medicina y no pasó a nada grave. Ese noche tomamos el tren y dejamos Varsovia.

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